Todos los que alguna vez intentaron sacar una tuerca oxidada o que lleva años sin moverse saben que, en ocasiones, parece estar soldada. Aplicar más fuerza no siempre es la solución y, muchas veces, solo consigue redondear la tuerca o romper la herramienta.
Afortunadamente, existen varios métodos que suelen dar muy buenos resultados. Lo recomendable es comenzar por los menos invasivos y, solo si no funcionan, pasar a técnicas más agresivas.
1. Aplicar aflojatodo y esperar
Es el primer paso que conviene intentar. Los aceites aflojatodo están diseñados para penetrar entre la rosca y la tuerca, ayudando a desprender el óxido y la suciedad acumulada.
Para obtener buenos resultados es importante respetar el tiempo de actuación recomendado por el fabricante. En muchos casos, intentar aflojar la tuerca inmediatamente reduce mucho la efectividad del producto.
2. Utilizar una llave de 6 puntas
Si estás usando una llave o tubo de 12 puntas, cambiar a uno de 6 puntas puede marcar una gran diferencia.
Las llaves de 6 puntas apoyan sobre una superficie mayor de la tuerca, permitiendo transmitir más fuerza y disminuyendo considerablemente la posibilidad de que se resbale o redondee las esquinas.
3. Dar un golpe en el bulón o la varilla roscada
Un golpe seco puede hacer mucho más de lo que parece.
Si es posible acceder al extremo del bulón o de la varilla roscada, un golpe firme con una masa genera una vibración que muchas veces ayuda a romper el óxido o la suciedad que mantiene la tuerca trabada.
Cuando no hay espacio suficiente, también puede utilizarse un cincel o un botador para transmitir ese impacto al centro del bulón.
4. Calentar la tuerca
Cuando los métodos anteriores no funcionan, el calor suele ser uno de los recursos más efectivos.
Al calentarse, la tuerca se expande ligeramente, lo que puede hacer que se desprenda de la rosca. Además, el calor quema restos de grasa endurecida, aceite seco o suciedad que muchas veces actúan como un verdadero adhesivo entre ambas piezas.
Una vez caliente, conviene intentar aflojarla mientras aún conserva la temperatura.
5. Utilizar una pinza de presión
Si la tuerca ya está dañada o la llave no logra sujetarla correctamente, una pinza de presión, también conocida como pinza perro, puede ser una excelente alternativa.
Su enorme capacidad de agarre permite aplicar mucha fuerza incluso cuando las caras de la tuerca están redondeadas.
Eso sí, normalmente deja marcas profundas y puede deformar la tuerca, por lo que es muy probable que ya no pueda reutilizarse.
6. Cortar la tuerca
Cuando nada funciona, queda el método más agresivo.
Consiste en realizar un corte sobre uno de los lados de la tuerca, generalmente con una amoladora equipada con un disco de corte para metal. El objetivo no es atravesarla completamente, sino debilitarla.
Luego, introduciendo un destornillador plano o un cincel en ese corte y aplicando algunos golpes, la tuerca se abre ligeramente, se expande y pierde la presión que ejerce sobre la rosca, permitiendo retirarla con mucha más facilidad.
¿Qué método conviene usar primero?
Siempre es recomendable comenzar por las técnicas menos agresivas: aplicar aflojatodo, utilizar una llave de 6 puntas y generar vibraciones mediante algunos golpes. Si la tuerca continúa bloqueada, el calor suele ofrecer excelentes resultados. Solo como último recurso conviene utilizar una pinza de presión o cortar la tuerca, ya que ambos métodos pueden dejarla inutilizable.