El viento puede convertirse en un gran problema al soldar, especialmente cuando se trabaja al aire libre. Aunque a simple vista parezca que no pasa nada, una corriente de aire puede afectar la calidad del cordón y hacer que la unión pierda resistencia.
Las soldaduras que utilizan gas de protección, como MIG/MAG y TIG, son las más sensibles al viento. El aire desplaza ese gas antes de que pueda proteger el baño de fusión, permitiendo que el oxígeno y el nitrógeno entren en contacto con el metal caliente. Como resultado, pueden aparecer poros, contaminación del cordón y una soldadura más débil.
En cambio, la soldadura con electrodo revestido (MMA) soporta mucho mejor estas condiciones, ya que el propio revestimiento del electrodo genera una protección alrededor del arco. Aun así, un viento fuerte también puede dificultar el trabajo y afectar el resultado.
Si necesitas soldar en exteriores, lo ideal es proteger la zona del viento con pantallas, lonas o biombos, en lugar de aumentar el caudal de gas sin control. En muchos casos, una simple barrera es suficiente para evitar problemas y obtener una soldadura de buena calidad.
Si durante la soldadura notas porosidad, un arco inestable o cambios en el sonido del arco, vale la pena comprobar si el viento está llegando a la zona de trabajo. Muchas veces parece un problema de regulación de la máquina, cuando en realidad el aire está dispersando el gas protector.
Un detalle que muchos soldadores descubren con la experiencia es que una brisa que apenas se siente puede ser suficiente para arruinar una soldadura MIG o TIG, mientras que con electrodo revestido el mismo trabajo suele realizarse sin mayores inconvenientes. Por eso, controlar el viento es tan importante como ajustar correctamente el amperaje o elegir el consumible adecuado.