Aunque muchas personas utilizan ambos términos como si fueran lo mismo, el hierro y el acero son materiales diferentes.
El hierro es un metal puro que se caracteriza por ser relativamente blando y menos resistente. En estado puro tiene pocas aplicaciones en herrería, ya que se deforma con mayor facilidad y no ofrece las propiedades mecánicas que suelen requerirse en estructuras y piezas de uso cotidiano.
El acero, en cambio, es una aleación formada principalmente por hierro y una pequeña cantidad de carbono. Esa combinación mejora notablemente su resistencia, dureza y durabilidad, convirtiéndolo en uno de los materiales más utilizados en la construcción, la industria y la herrería.
En la práctica, la mayoría de los perfiles, caños estructurales, chapas, planchuelas y ángulos que los herreros utilizan a diario están fabricados con acero, aunque popularmente muchas personas los llamen «hierro».
Dentro del mundo de la herrería, a este tipo de material también se lo conoce como “acero dulce”, que hace referencia a un acero con bajo contenido de carbono. Es el más común para trabajos de soldadura y fabricación general porque es fácil de cortar, doblar y trabajar.
Por eso, cuando alguien habla de soldar hierro, hacer una reja de hierro o fabricar un portón de hierro, en realidad está trabajando con acero.
Dicho de forma simple: el hierro es el material base, mientras que el acero es una versión mejorada del hierro que ofrece mayor resistencia y mejores prestaciones para la mayoría de los trabajos de herrería.