¿Por qué el aluminio no se oxida como el hierro?

Dejá una barra de hierro bajo la lluvia durante algunos meses y aparecerá cubierta de óxido. Ahora hacé lo mismo con una pieza de aluminio. Lo más probable es que siga casi igual, incluso después de mucho tiempo.

Entonces, ¿por qué dos metales reaccionan de forma tan distinta al aire y al agua?

La clave está en lo que ocurre apenas el aluminio entra en contacto con el oxígeno.

En cuestión de segundos, su superficie forma una finísima capa de óxido de aluminio. Lo curioso es que esa capa es extremadamente resistente y queda adherida al metal, actuando como un verdadero escudo. Gracias a ella, el oxígeno y la humedad ya no pueden seguir atacando el aluminio que está debajo.

Con el hierro sucede exactamente lo contrario.

El óxido de hierro es poroso y frágil. En lugar de proteger el metal, se desprende con el tiempo y deja expuesta una nueva superficie. Entonces el proceso vuelve a empezar una y otra vez, haciendo que la corrosión avance cada vez más hacia el interior.

Por eso una chapa de aluminio puede pasar años a la intemperie sin sufrir grandes daños, mientras que una chapa de hierro sin protección terminará completamente oxidada.

En definitiva, el aluminio sí se oxida, pero lo hace de una forma muy diferente al hierro. Su propio óxido se convierte en una barrera protectora que detiene casi por completo la corrosión. Es uno de los mejores ejemplos de cómo, a veces, oxidarse puede ser precisamente la razón por la que un metal dura tanto.