¿Puede una tuerca soldarse sola al tornillo?

Puede sonar extraño, pero sí ocurre. Hay ocasiones en las que una tuerca queda tan firmemente unida al tornillo que parece haber sido soldada con una máquina. Lo curioso es que nadie aplicó un electrodo ni un arco eléctrico.

Entonces, ¿qué pasó?

En determinadas condiciones, dos piezas metálicas pueden terminar uniéndose debido a la fricción, la presión y el calor generado durante el funcionamiento. Este fenómeno se conoce como soldadura por fricción o agarrotamiento (galling), y es mucho más común de lo que muchas personas imaginan.

No significa que el tornillo y la tuerca se fundan como ocurre en una soldadura convencional.

Lo que sucede es que las superficies metálicas, sometidas a una gran presión, comienzan a desgastarse. Si además existe poca lubricación o el material es propenso a este problema, pequeñas partículas de un metal pueden adherirse al otro hasta que ambas roscas terminan trabándose.

A partir de ese momento, desenroscar la tuerca puede volverse prácticamente imposible.

Este problema suele aparecer en maquinaria, vehículos y equipos industriales donde las uniones trabajan bajo cargas elevadas o soportan vibraciones constantes durante mucho tiempo.

También es relativamente frecuente en tornillos y tuercas de acero inoxidable.

Este material posee una gran resistencia a la corrosión, pero también tiene mayor tendencia al agarrotamiento cuando las roscas trabajan en seco o se aprietan demasiado rápido.

Muchas personas creen que el tornillo se oxidó o que la rosca se deformó, cuando en realidad las superficies metálicas quedaron adheridas entre sí por el rozamiento.

Por ese motivo, en muchas aplicaciones se utilizan lubricantes, grasas especiales o compuestos antigripantes que reducen considerablemente la posibilidad de que este fenómeno ocurra.

Entonces, ¿puede una tuerca soldarse sola al tornillo?

Sí, en cierto sentido puede ocurrir. No se trata de una soldadura como la que realiza una soldadora, sino de una unión producida por la presión, la fricción y el contacto entre ambas superficies metálicas. El resultado puede ser tan firme que, muchas veces, la única forma de separar las piezas termina siendo cortar el tornillo.

Es uno de esos fenómenos que pasan desapercibidos hasta que alguien intenta aflojar una tuerca… y descubre que parece estar soldada para siempre.