¿Cómo funciona un imán?

Todos hemos visto un imán pegarse a una heladera o atraer un tornillo. Pero, si lo pensás por un momento, el fenómeno resulta bastante extraño. ¿Cómo puede un objeto mover otro sin tocarlo? ¿Qué fuerza invisible actúa entre ambos?

Durante siglos, los imanes fueron un verdadero misterio. Incluso hoy siguen sorprendiendo, porque son capaces de ejercer una fuerza a través del aire, sin necesidad de cables, motores ni contacto físico.

El secreto está en el campo magnético, una fuerza invisible que rodea al imán. Aunque no puede verse a simple vista, está presente todo el tiempo. De hecho, si alguna vez esparciste limaduras de hierro sobre una hoja colocada encima de un imán, seguramente viste cómo se acomodaban formando curvas. Esas líneas revelan la forma del campo magnético.

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Pero todavía queda una pregunta: ¿por qué algunos metales son atraídos y otros no?

La respuesta está en sus átomos. Materiales como el hierro, el níquel y el cobalto poseen una estructura interna que permite que sus pequeños «imanes» naturales se alineen cuando están cerca de un imán. Al hacerlo, son atraídos con fuerza.

En cambio, metales como el aluminio, el cobre o el oro prácticamente no reaccionan, ya que sus átomos no pueden alinearse de la misma manera.

Lo más curioso es que la Tierra también es un enorme imán. Nuestro planeta genera un gigantesco campo magnético que hace funcionar las brújulas y nos protege de parte de la radiación proveniente del Sol.

Gracias a esta propiedad, los imanes están presentes en infinidad de objetos cotidianos: motores eléctricos, parlantes, discos rígidos, cerraduras magnéticas, generadores y muchas herramientas utilizadas en talleres e industrias.

La próxima vez que un imán levante un tornillo sin tocarlo, recordá que no se trata de magia. Es simplemente una fuerza invisible que lleva millones de años acompañando a nuestro planeta y que sigue siendo una de las propiedades más fascinantes de la física.