Cuando pensamos en un metal, imaginamos un material que necesita cientos o incluso miles de grados para fundirse. El hierro, por ejemplo, requiere más de 1.500 °C. Por eso la idea de derretir un metal simplemente sosteniéndolo con la mano parece imposible.
Pero existe un metal que rompe por completo esa regla.
Se trata del galio. Su punto de fusión es de apenas 29,8 °C, una temperatura muy cercana a la del cuerpo humano. Eso significa que, si tomás un pequeño trozo de galio en la palma de la mano, comenzará a ablandarse y, después de unos minutos, puede convertirse en un líquido plateado.
Lo más sorprendente es que no hace falta calentarlo con fuego ni con una herramienta especial. El calor natural de la mano es suficiente para iniciar el proceso.
A pesar de este comportamiento tan extraño, el galio sigue siendo un metal. Tiene brillo metálico, conduce la electricidad y, una vez que vuelve a enfriarse, recupera completamente su forma sólida.
Eso sí, no conviene hacer este experimento con cualquier recipiente. El galio puede adherirse a otros metales, especialmente al aluminio, debilitándolo con el tiempo.
En definitiva, sí existe un metal que puede derretirse con la mano, y ese metal es el galio. Es uno de los ejemplos más curiosos de la naturaleza y demuestra que no todos los metales necesitan temperaturas extremas para pasar de sólido a líquido.






