¿Por qué el acero inoxidable puede oxidarse?

Su propio nombre parece dejarlo claro: acero inoxidable. Entonces, cuando aparece una mancha de óxido sobre una baranda, un cuchillo o una mesada, la primera reacción suele ser la misma: «Eso no debería pasar.»

Pero la realidad es otra.

El acero inoxidable sí puede oxidarse, aunque ocurre con mucha menos frecuencia que en un acero común.

La diferencia está en cómo se fabrica. El acero inoxidable no lleva un simple recubrimiento protector. Se obtiene al fundir una aleación de hierro, cromo, níquel, molibdeno, silicio y otros elementos, dependiendo del tipo de inoxidable que se quiera fabricar.

El ingrediente más importante es el cromo. Cuando el acero contiene alrededor de un 10,5 % o más de cromo, este reacciona naturalmente con el oxígeno del aire y forma una película microscópica que protege toda la superficie del metal. Si esa película sufre un pequeño daño, normalmente vuelve a formarse por sí sola.

Entonces, ¿por qué a veces aparece óxido?

Porque esa protección puede verse afectada por ambientes muy agresivos, como el agua salada, ciertos productos químicos o la contaminación con partículas de acero común. Por ejemplo, usar la misma amoladora o un cepillo que antes trabajó sobre hierro puede dejar diminutas partículas incrustadas en el inoxidable, y esas partículas serán las primeras en oxidarse.

En definitiva, el acero inoxidable no es imposible de oxidar. Su gran ventaja es que contiene elementos como el cromo, distribuidos en toda la aleación, que le permiten regenerar continuamente su protección natural. Sin embargo, en condiciones extremas o con un mantenimiento inadecuado, incluso este material puede mostrar signos de corrosión.

Lo sorprendente es que, en muchos casos, lo que parece ser óxido del acero inoxidable en realidad proviene de restos de acero al carbono adheridos a su superficie, y no del inoxidable en sí.