Cuando un rayo impacta una estructura metálica, la escena puede parecer sacada de una película. Pero ¿es realmente capaz de partir una viga de acero? La respuesta es que sí puede dañarla, aunque no es lo más habitual.
Un rayo transporta una enorme cantidad de energía y puede alcanzar temperaturas superiores a los 20.000 °C durante una fracción de segundo. Al atravesar el acero, esa energía genera un calentamiento extremadamente rápido.
En la mayoría de los casos, una viga de acero no se parte por la descarga en sí. Gracias a su resistencia mecánica y a su buena conductividad eléctrica, el acero suele conducir la corriente sin sufrir daños importantes.
Sin embargo, si la descarga es muy intensa o la estructura presenta grietas, corrosión o uniones debilitadas, el cambio brusco de temperatura puede provocar deformaciones, fisuras o incluso desprender pequeños fragmentos de metal.
El riesgo también depende de cómo esté conectada la estructura a tierra. Un sistema de puesta a tierra correctamente diseñado permite que la corriente del rayo se disipe de forma mucho más segura, reduciendo considerablemente la posibilidad de daños.
Lo más común es que el acero conduzca la descarga y continúe cumpliendo su función, especialmente cuando la estructura cuenta con una protección adecuada contra rayos.






