Seguro alguna vez intentaste aflojar una tuerca y parecía que estaba soldada al bulón. Incluso aplicando mucha fuerza, la llave apenas lograba moverla. ¿Por qué ocurre esto? ¿Hay tuercas que realmente se oxidan más que otras?
La respuesta es sí. La velocidad con la que una tuerca se oxida depende principalmente del material con el que fue fabricada y del ambiente en el que trabaja.
Las tuercas de acero al carbono, que son las más comunes, comienzan a oxidarse cuando permanecen expuestas al agua y al oxígeno durante mucho tiempo. Si además están en lugares con humedad constante, barro, sal o productos químicos, el proceso de corrosión se acelera considerablemente.
Uno de los peores enemigos del acero es la sal. Por eso los vehículos que circulan cerca del mar o por caminos donde se utiliza sal para derretir nieve suelen presentar tuercas y bulones mucho más oxidados que otros.
Con el paso del tiempo, el óxido no solo aparece en la superficie. También puede formarse entre las roscas del bulón y la tuerca, ocupando más espacio que el metal original. Esto hace que ambas piezas queden prácticamente bloqueadas, dando la sensación de que estuvieran pegadas.
También influye la calidad del recubrimiento. Muchas tuercas reciben un baño de zinc u otros tratamientos anticorrosivos que retrasan la aparición del óxido. Cuando esa protección se desgasta por el uso o por la intemperie, el acero queda expuesto y la corrosión comienza a avanzar.
Para evitar que una tuerca termine completamente trabada, conviene revisar periódicamente las uniones expuestas al exterior y aplicar productos protectores cuando sea necesario. Si el óxido ya apareció, un buen aflojatodo, algunos golpes para generar vibraciones o incluso aplicar calor suelen ser métodos mucho más efectivos que intentar hacer fuerza desde el primer momento.
En definitiva, algunas tuercas se oxidan mucho más que otras porque trabajan en ambientes más agresivos o porque perdieron la protección que las recubría. Una pequeña capa de óxido superficial rara vez representa un problema, pero cuando la corrosión avanza entre las roscas puede convertir una tarea sencilla en un verdadero desafío.






