¿Por qué los barcos de acero flotan?

Si tirás un trozo de acero al agua, se hunde casi de inmediato. Entonces, ¿cómo es posible que un barco de miles de toneladas, construido con ese mismo material, pueda cruzar océanos sin irse al fondo?

A primera vista parece un verdadero misterio.

Después de todo, un enorme buque de carga puede pesar cientos de miles de toneladas, muchísimo más que cualquier bloque de acero. Sin embargo, flota durante años transportando automóviles, contenedores e incluso otros barcos.

La clave no está en el metal, sino en la forma del barco.

Aunque el casco está fabricado de acero, su interior es prácticamente hueco y contiene una enorme cantidad de aire. Eso hace que el conjunto tenga una densidad promedio menor que la del agua.

Cuando el barco entra al agua, desplaza un volumen enorme de líquido. Ese desplazamiento genera una fuerza hacia arriba llamada empuje, descubierta hace más de 2.000 años por Arquímedes.

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Mientras el empuje sea igual o mayor que el peso del barco, este continuará flotando.

Un ejemplo sencillo ayuda a entenderlo. Si hacés una bola compacta con papel de aluminio y la tirás al agua, se hundirá. Pero si con ese mismo papel formás un pequeño recipiente con paredes altas, flotará sin problemas porque desplaza mucha más agua.

Con los barcos ocurre exactamente lo mismo, solo que a una escala gigantesca.

Lo curioso es que un barco puede hundirse si su casco se rompe y comienza a llenarse de agua. Al perder el aire de su interior, aumenta su densidad y el empuje ya no alcanza para sostenerlo.

Así que no es el acero lo que hace flotar a un barco. Lo que realmente lo mantiene sobre el agua es la combinación entre su enorme volumen, el aire que contiene y una ley de la física descubierta hace más de dos milenios. Esa misma explicación permite que hoy existan algunos de los vehículos más grandes jamás construidos por el ser humano navegando por los océanos.